El copyright de la IA en Chile cambia de ley, no de rumbo

El Senado sacó la exención de derechos de autor de la megarreforma, pero la misma idea sigue viva en el proyecto de IA, ahora con una salvaguarda para los autores.

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El Senado de Chile despachó esta semana su “megarreforma” de reactivación económica sin el artículo que habría eximido a los sistemas de inteligencia artificial de pagar derechos de autor por usar obras protegidas para entrenarse. La norma —rechazada ya dos veces antes por presión de editores y del sector audiovisual— quedó fuera del texto final tras una jornada maratónica (Bío Bío Chile). A primera vista, parece un punto para los creadores. Pero mirado de cerca, el debate no se cerró: se mudó de vehículo legislativo.

La cobertura de estos días reveló un detalle más fino. El proyecto de ley de IA que aún tramita el Senado (Boletín 16.821-19) contempla una excepción de minería de datos casi idéntica a la que se cayó de la megarreforma. La diferencia clave es que esta versión sí incluye un mecanismo de opt-out: los titulares de una obra pueden reservar expresamente sus derechos y quedar fuera del entrenamiento. Es una salvaguarda que el artículo rechazado nunca ofreció. En otras palabras, la disputa de fondo entre quienes crean contenido y quienes desarrollan IA no desapareció con el rechazo; se trasladó a la ley diseñada específicamente para resolverla, y esta vez con una puerta de salida para los autores.

El movimiento importa más allá de Chile. Es uno de los primeros casos en la región donde la pregunta —¿necesita el entrenamiento de IA el consentimiento de los autores?— se está zanjando por partes, con ensayo y error, antes que de una sola vez. Que la segunda versión traiga un opt-out sugiere que el sistema aprendió algo del intento fallido: no basta con permitir el uso de obras protegidas; hay que darle a quien las creó una forma verificable de decir que no.

También hoy

En la región

Más allá de Chile, la semana trae dos movimientos de gobernanza. En Argentina, el Decreto 581/2026 trasladó el control político de la AAIP —la autoridad de protección de datos personales— y del ENACOM desde la Secretaría de Ciencia y Tecnología hacia la Jefatura de Gabinete (Infobae). Es un reacomodo interno de poder que, en la práctica, recentraliza al organismo que regula los datos justo cuando su papel en la gobernanza de IA se vuelve más relevante, reduciendo su autonomía técnica. En México, en tanto, sigue en pie la expectativa de que el debate legislativo formal sobre IA arranque en la Cámara de Diputados el 19 de julio.

Lanzamientos

  • Inkling — el primer modelo de pesos abiertos de Thinking Machines Lab, el laboratorio de Mira Murati. Es una arquitectura mixture-of-experts (que activa solo una parte de sus parámetros en cada consulta) de 975.000 millones de parámetros, con 41.000 millones activos, multimodal y con un millón de tokens de contexto. Es descargable y personalizable, sin licencias cerradas.
  • Grok Build, ahora de código abierto — xAI liberó el código completo de su herramienta de codificación con agentes bajo licencia Apache 2.0, tras el escándalo por una fuga de repositorios. Ahora cualquiera puede auditarla o ejecutarla localmente.

Hilos que seguimos

Esta no es la primera vez que Chile choca con la pregunta del copyright y la IA. En las últimas semanas veníamos siguiendo cómo el país discutía si entrenar modelos con obras protegidas debía pagarse a sus autores, y cómo Hacienda había descartado una exención amplia. El capítulo de hoy cierra ese intento por la vía de la megarreforma, pero abre otro: el debate real se juega ahora en la ley de IA dedicada, y la aparición de un opt-out para los titulares es la novedad que no estaba sobre la mesa antes.


Si a Chile le está costando resolver de una vez si el entrenamiento de IA con obras protegidas necesita permiso de los autores —y termina zanjándolo por partes—, ¿qué tan lista está la región para las preguntas más difíciles que ya asoman, como si una IA puede decidir sin supervisión humana verificable a quién se despide?

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