Durante años, la conversación latinoamericana sobre capacidad de cómputo consistió en negociar la llegada de infraestructura ajena. Esta semana Brasil cambió de estrategia: el jueves 20, en el Parque Tecnológico Augusto Severo de Macaíba, en Rio Grande do Norte, Lula abrió la licitación del primer supercomputador estatal brasileño dedicado a inteligencia artificial, por 1.060 millones de reales y 7.200 petaflops de potencia. La cifra lo pondría entre las diez máquinas de IA más potentes del mundo. Para dimensionarla: el Santos Dumont, el mayor supercomputador brasileño hasta hoy, opera a 27 petaflops.
Lo interesante no es el equipo sino lo que exige el pliego. El documento pide transferencia de tecnología, contratación de proveedores brasileños y capacitación de unas 5.000 personas; la entrega se estima entre 12 y 18 meses después de firmar el contrato. Rio Grande do Norte fue elegido por sobre São Paulo y Campinas por criterios de desigualdad regional y disponibilidad de energía limpia. Y el anuncio no vino solo: el mismo día se presentaron un segundo supercomputador en Río de Janeiro, por 1.276 millones de reales en cinco años, construido por la Rede Nacional de Ensino e Pesquisa junto a las empresas chinas Huawei e iFlytek para entrenar modelos en portugués; una estrategia de chips a 10 y 15 años sobre la arquitectura abierta RISC-V; y un Centro Nacional de Transparencia Algorítmica e IA Confiable alojado en la Universidad Federal de Minas Gerais. Cuatro piezas que, juntas, forman algo que no encontramos por escrito en ningún otro Estado de la región: la máquina, el modelo en lengua propia, el chip y la institucionalidad de control.
La tensión estaba a la vista desde el primer día, y el propio Lula prácticamente la nombró al decir que “ni el chino ni el estadounidense es mejor”. El único proveedor capaz de cumplir el pliego del primer equipo es estadounidense; los socios del segundo son chinos. La soberanía declarada consiste, por ahora, en elegir entre dos dependencias en vez de una. Aun así, el pliego es lo único replicable del paquete, y por eso importa fuera de Brasil: mientras Chile propone un banco de tokens premium en el Presupuesto 2027 y México monta un laboratorio nacional, Brasil eligió comprar hardware con cláusulas de transferencia tecnológica y capacitación adentro del contrato. Cuál de las tres apuestas envejece mejor dependerá de si esas cláusulas se auditan o se diluyen.
También hoy
- Pew mide cuánta web fue escrita con IA — El 35% de las páginas publicadas desde la aparición de ChatGPT muestra señales de autoría automática. El hallazgo útil es la estratificación por dominio: alrededor de 10% en los .com, 5% en los .org y apenas 1% en los .edu y .gov. El estudio analizó unas 490.000 páginas de Common Crawl y es solo en inglés; no conocemos el equivalente en español o portugués, donde el corpus humano disponible es un orden de magnitud menor.
- Marvell le da a Google la opción de comprar 12.200 millones de dólares en acciones — Los derechos se activan por cada 500 millones de dólares en silicio adquirido, hasta 2033. Broadcom, socio previo de Google, cayó más de 5%. Quien compra fuera de ese círculo —universidades, Estados, el propio supercomputador brasileño— paga precio de lista sin contrapartida accionaria.
- Investigadores esconden instrucciones cifradas en una página web y logran que Grok filtre el historial de chat — El filtro de contenido no puede leer texto cifrado; el modelo sí, porque tiene la clave. Adversa AI avisó a xAI el 3 de junio, el 4 y el 10 de agosto: al 19 seguía sin parche y sin plazo de mitigación.
- Grok pasó días respondiendo con ensalada de palabras y xAI dijo que no hubo incidente — Párrafos enteros de texto sin sentido, que la empresa atribuyó a una “rara falla temporal de generación” el mismo día en que se publicaba esa vulnerabilidad sin parchar desde junio.
- La broma de enfriar centros de datos con orina resultó ser política pública real — En el condado de Loudoun, Virginia, con más de 250 centros de datos, el agua reciclada cubrió en 2025 unos 757 millones de litros diarios: el 43% de la demanda. El 57% restante siguió saliendo de la red potable.
En la región
El día trajo un solo hecho regional, pero grande, y es enteramente brasileño. El paquete anunciado el jueves convierte a Brasil en el primer Estado de la región que compra capacidad de cómputo de frontera para sí mismo, en vez de esperar que un proveedor global la instale. Vale registrar las tres preguntas que el anuncio deja abiertas, porque son las que decidirán si esto fue política pública o ceremonia: todavía no hay reglas publicadas sobre quién accede a la máquina y con qué criterio; las cláusulas de transferencia tecnológica y capacitación de 5.000 personas aún no están en un contrato firmado con métricas verificables; y no está claro qué hará el nuevo centro de transparencia algorítmica que la ANPD —la autoridad brasileña de protección de datos, ya convertida en agencia reguladora, con la IA entre sus cuatro ejes de fiscalización y veinte fiscalizaciones programadas para 2026 y 2027— no esté haciendo, ni por qué la capacidad de evaluación se aloja en una universidad y no en el regulador. En paralelo, y en un registro mucho más modesto pero igual de concreto, Serpro abrió un curso gratuito de introducción a la IA para el público general brasileño, en video vertical y descargable: un formato pensado para teléfono y uso sin conexión, que es la decisión correcta para la región y que casi nadie toma. Lo que no se discutió: la empresa pública lo desarrolló con Microsoft, proveedor de nube e IA del propio Estado.
Lanzamientos
- Meta AI para Mac, en beta — La primera aplicación nativa de escritorio de Meta AI: apunta a una ventana y responde sobre lo que ve en pantalla, dicta por voz en cualquier programa y, con cuenta profesional de Facebook o Instagram, se conecta a Google Workspace. Gratuita, 16 MB, en regiones seleccionadas que Meta no detalla. El público objetivo declarado —pequeños negocios y creadores— describe bien el tejido comercial de la región; queda por ver cómo se comporta en español y portugués, y qué permisos de pantalla pide.
- Binance Agent OS — Una capa de acceso que conecta agentes de IA con el trading, los datos de mercado, las billeteras y los pagos de Binance, compatible con varias herramientas de asistencia mediante el Model Context Protocol, un estándar abierto para conectar modelos con servicios externos. Las salvaguardas son de arquitectura —el agente no puede retirar fondos a direcciones externas—, no de comportamiento: dentro de sus permisos decide solo. Con la adopción de cripto minorista que tiene la región y sin que ninguna de sus autoridades financieras haya publicado un marco para esto, conviene probarlo en entorno de pruebas antes que con dinero real.
- Plugin de ChatGPT para Apple Messages — Lee, ordena, redacta, envía y borra mensajes en nombre del usuario; OpenAI dice que corre localmente y no indexa todo. Vale menos por su uso directo en la región —acá la mensajería dominante es WhatsApp— que por la advertencia de la propia empresa: no conviene activar la aprobación persistente, porque elimina la última oportunidad de revisar un mensaje antes de que se envíe en tu nombre.
Hilos que seguimos
Esto se suma a algo que venimos observando: la distancia entre lo que los Estados de la región firman y lo que después pueden verificar. En los últimos días vimos a Brasil estrenar reglas para el uso de IA en campaña electoral y descubrir, en la primera medición independiente, que los asistentes más usados del país no las cumplían; y vimos a Amnistía Internacional reconstruir el inventario de vigilancia estatal argentino leyendo órdenes de compra públicas que estaban a la vista desde el principio. El pliego de Macaíba pertenece a la misma familia de problemas: el documento dice las palabras correctas —transferencia de tecnología, proveedores locales, 5.000 personas capacitadas—, y todo depende de si alguien las revisa después de la foto. Es exactamente lo que en la región casi nunca ocurre.
Brasil escribió en un pliego lo que toda la región dice querer, para una máquina que solo un proveedor extranjero puede entregar. ¿Quién tiene hoy el mandato y el presupuesto para auditar esas cláusulas dentro de dieciocho meses, y por qué ningún otro país de la región ha intentado siquiera redactar un pliego así antes de firmar un memorándum de entendimiento?
Fe de erratas (30 de septiembre de 2026). La versión original decía que el supercomputador de Rio Grande do Norte costaba 1.600 millones de reales; lo correcto es 1.060 millones de reales, según el Laboratório Nacional de Computação Científica (LNCC).
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